Hace casi  tres años inicié este blog lleno de absoluta rabia, al ver que determinados casos de suicicio tenían presencia en los medios, al mismo tiempo que otros eran absolutamente ignorados. Empecé a hacer un listado pensando que la conciencia de un drama tan descomunal como este, podría ser la chispa que provocase una respuesta social a la altura del drama que se ha venido viviendo en los últimos años. Una situación absolutamente inimaginable hace tan solo una década.

No podía estar más equivocado.

Ayer, Miren puso fin, como tantos otros que quedan en el anonimato, a una agonía que como en tantos otros casos era sostenida, calculada, premeditada.
Miren nos quedaba más cerca, esa es la diferencia con otros casos que nos pasan desapercibidos. Los desahucios no han dejado de crecer el pasado 2014, y cabe pensar que los casos dramáticos habrán subido en similar porcentaje. Pero la respuesta social  y la que se ofrece en los medios ya no es ni por asomo la misma. Cuando inicié este blog, tres casos consecutivos en unos días, junto con la respuesta social que hubo y junto a una repercusión en medios a la altura de los hechos, forzaron al bipartidismo excluyente (no contó con absolutamente nadie más) a hacer el paripé de juntarse unos días, aunque nada absolutamente cambió por lo que estos sátrapas hiciesen en aquellos momentos.

Hoy la decepción es aún mayor, porque ya no queda rabia, han conseguido que aceptemos con inaudita naturalidad el fracaso descomunal que supone que gente que se ha visto premeditadamente acorralada, desista, y que dentro de la desinformación que hay, aún mayor y por tanto más perversa que cuando inicié este espacio, nos acongojemos únicamente por la circunstancia de que nos ha pillado cerca.

Es un drama añadido. La insensibilidad, con la que seguramente los responsables del desastre también entendieron sería algo calculado y manejable en el tiempo, por las cifras y por la persistencia de hacer percibir que no pasaba nunca nada, por la desinformación que ya cuestioné en su día, la naturalidad de lo inhumano, asentada sobre la dignidad más absoluta de las víctimas que deciden marcharse sin responder y con la discrección de quien avergonzado, jamás pudo imaginar que hubiese hijos de puta de tal calibre. No es la primera vez que apelo a la dignidad y la nobleza de las víctimas, algo con lo que seguramente también los cálculos estadísticos cuentan, no es habitual que las víctimas se revulelvan o sean capaces de amenazar en su agonía diaria.

La decepción es grande. Me dicen por Twitter que estamos en una situación en la que “nos acostumbrarnos a este nuevo paradigma, donde la pobreza no solo es admitida sino que es irremediable”. Tremendo. Es una vuelta de tuerca más, inimaginable siquiera cuando aún quedaban, hace casi tres años, ganas de escribir y de dejar constancia de la opinión, la denuncia y la rabia.

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