LOS SÁBADOS DE CABEZA CON JAVIER 

Stop suicidios

A pesar de que los manuales de estilo periodístico y las recomendaciones de las instituciones sanitarias insisten en que hay que extremar la delicadeza al informar sobre el suicidio, en las últimas semanas los medios han convertido en espectáculo morboso las noticias sobre personas que han acabado con su propia vida. Este tratamiento informativo comporta graves riesgos que parecen no ser tenidos en cuenta

IMANOL QUEREJETA Y JAVIER VIZCAINO – Sábado, 23 de Marzo de 2013 – Enlace directo a la entrevista

J. V.: Podemos confesar a los lectores que nos ha costado mucho tomar la decisión de abordar este asunto. Habrá pocos temas que requieran tanta delicadeza en la comunicación como el suicidio.

I. Q.: Sí, llevamos muchos años evitando hablar del tema porque el tratamiento de esta información es muy delicado y a veces no tengo claro cuál es la finalidad de hablar de estas cosas, es decir, el para qué. En cualquier caso, y visto lo que se está prodigando la cuestión en los medios, voy a ponerme como reto señalar un para qué, que en este caso será transmitir a todo el que nos lea que el suicidio no es un fin, sino el principio de algo que no termina y que genera un dolor sin solución a las personas que quieren a alguien que escoge esta manera de poner fin a su historia y que le sobreviven.

J. V.: Como periodista, creo que se está cayendo en una peligrosa trivialización del fenómeno a la hora de informar. Hay un exceso de simplificación cuando no búsqueda del espectáculo morboso. ¿Qué opinas tú como profesional y, además, usuario de los medios de comunicación?

I. Q.: Hace poco hablaba de esto en una entrevista con una colega tuya que, por cierto, hizo un muy buen trabajo en el que destacó lo que se puede decir con finalidad preventiva. Lo importante cuando se informa es para qué y de qué manera. Es cierto que los periodistas convertís todo en algo noticiable, de ahí que tengáis una de las tasas más altas de síndrome burn out. Pero esto no es una simple noticia, es un modelo de conducta cuya extensión resulta peligrosa y en la que la imitación es un riesgo que está ahí y que debemos de tener muy en cuenta para no inducirla. Normalizar una conducta facilita que se imite y en esto la difusión continua y magnificada de algo suele contribuir a extenderlo. Me gustaría saber la influencia que tiene en la extensión de la violencia de género el modo muchas veces equivocado en que se habla de ella.

J. V.: Una de mis preocupaciones es si no se estará enviando un mensaje a las personas que pasan por dificultades en el peor sentido, como si se les estuviera dando a entender que su única salida es quitarse la vida. El mensaje debería ser exactamente el contrario.

I. Q.: No estoy muy seguro de que el de la salida única sea el mensaje que se envía. Hay otras cosas peligrosas a las que se puede inducir y que por supuesto no voy a comentar para no dar ideas. Lo que sí debería hacerse es eso que tu llamas “lo contrario”, es decir, repetir hasta la saciedad que la muerte no es la solución de nada y que la muerte autoaplicada es la fuente de problemas que nunca se resuelven y que no conduce más que a un dolor irreparable que devasta relaciones.

J. V.: Abundando en lo de la simplificación, ¿no es demasiado suponer que hay una sola causa por la que una persona toma la decisión fatídica? Supongo que en cada caso se reúnen un cúmulo de circunstancias diferentes que hacen imposible la generalización.

I. Q.: Una definición de la conducta suicida es la siguiente: “Forma de comportamiento en una situación de crisis”. La tomarían las personas más desesperadas a las que precisamente habría que dirigir la información recordando lo estéril de este acto. Esta forma de conducta muchas veces es el colofón de muchas situaciones adversas concatenadas. Sueles saber cuál es la última, pero no la razón de que sea esa y no dos anteriores o dos posteriores.

J. V.: En estas informaciones se tiene muy poco en cuenta el entorno familiar y afectivo de la persona que se ha quitado la vida. Se aportan detalles (a veces, rumores) que hacen todavía más complicada la superación de lo que les ha ocurrido.

I. Q.: Como ya te he dicho, este fenómeno es de por sí una de las experiencias más amargas a las que se puede enfrentar un familiar o amigo de una persona, que ya tienen bastante con lo que llevan como para tener que estar dando explicaciones y desmintiendo rumores. Extender esa información me parece desaconsejable.

J. V.: Obviamente, la censura y el encubrimiento tampoco ayudan. Una vez que se decide informar, ¿se puede hacer de tal modo que, además de no incitar a la imitación, se ofrezcan mensajes que ayuden a la prevención o a la detección de otros casos?

I. Q.: En la entrevista que me hacía la compañera que te mencionaba, ella recogió con tino las imágenes de unas declaraciones que Courtney Love, la pareja de Kurt Cobain, ofreció tras el suicidio del artista y las puso como imagen de fondo. En esta entrevista, Courtney Love deshecha por el dolor, expresaba lo inútil de aquella respuesta del músico. Su intervención fue considerada como humana, acertada y preventiva, y seguramente evitó que fans de Cobain siguiesen sus pasos por imitación. Esto es lo que tenemos que hacer: destacar lo inútil de las decisiones finalistas y mantener que mientras estemos vivos siempre podremos volver a empezar, que la esperanza es lo último que debemos de perder.

J. V.: ¿Es realista hablar de prevención en este campo? ¿Se puede hacer algo para evitar suicidios? Estoy convencido de que sí. Tanto desde una vertiente institucional como desde una más cercana que atañe al entorno inmediato.

I. Q.: Desde la vertiente institucional, y lo digo con rabia, que nos devuelvan la esperanza, abundando en la recuperación de los valores. En cuanto al entorno próximo, el acompañamiento es muy importante. Hay quien considera que esta forma de conducta es una enfermedad que se debe tratar por médicos y no siempre es así. Hay enfermedades que llevan asociado un riesgo suicida que se puede intentar abordar desde una perspectiva médica, pero muchos suicidios no van asociados a una enfermedad y las personas que los cometen probablemente necesitaban compañía.

J. V.: Más allá de los episodios concretos, también hay que tener cuidado con el tratamiento que se da a las estadísticas sobre suicidios. Hemos comprobado que muchas son contradictorias y que a veces pretenden demostrar una tesis pre-establecida.

I. Q.: Eso ocurre con frecuencia. Por ejemplo, los datos que se han dado para Euskadi y nuestros vecinos no coinciden y a veces se magnifican por establecer comparaciones inexactas. Los cambios en las cifras han sido pequeños, dando una imagen en dientes de sierra, de manera que un año aumentaban y otro disminuían. Sobre cifras pequeñas, las variaciones suponen cambios llamativos en porcentajes. Me explico: si el número de suicidios el año pasado fuesen 2 y este año fuese 1, la frecuencia sería un 50% menor, pero la cuantía real sería pequeña. También la presentación de las muertes por suicidio como las más frecuentes por causas no naturales obvia que lo que ha ocurrido es que han disminuido las muertes por accidentes de tráfico de forma muy notable (algo hacen bien las autoridades, sobre todo lo que lleva asociado castigos), mientras las debidas al suicidio han tenido pocas variaciones.

 

¿Quieres escuchar la entrevista de Javier a Imanol en OndaVasca? Aquí la tienes.

 

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